La valentía de una madre


(Bella Historia Narrada por W. Marrion Branham)

Luz era una madre soltera que tenía una hija de cuatro años, a la que debía que dejar sola en casa, mientras ella trabajaba para ganar el sustento. Un día al regresar a casa, ve desde el autobús un gran alboroto producto de las sirenas de las ambulancias y los carros de bomberos que se dirigían velozmente a atender una emergencia.

Cuando el bus se detiene por el trancón formado por la calamidad, ella se baja para continuar a pie, debido a que se encuentra cerca de su casa. Ve que la emergencia es producida por un incendio y su cuerpo se hela al darse cuenta que es precisamente su casa la protagonista de este suceso.

Al llegar a la zona acordonada, pregunta a un oficial de policía sobre la suerte de su hija. Este le responde que los bomberos hasta ese momento no han reportado el hallazgo de alguien, que al parecer la casa se encontraba sola. Ella desespero y sin importarle su integridad cruzo la zona acordonada, corrió logrando entrar a la casa aun en llamas sin que nadie pudiera impedirlo. Sube a la habitación de su hija y la encuentra desmayada bajo la cama. La envolvió en sabanas, se dio paso entre las llamas y la sacó de allí. Los paramédicos las atendieron de inmediato. La niña presentaba problemas respiratorios menores, mientras, Luz tenía serias quemaduras en el setenta por ciento de su cuerpo, pero lograron salvarle la vida a ambas.

El tiempo pasó, ya la niña era una hermosa joven de 17 años que se encontraba estudiando en la universidad, en una ciudad diferente de la que vivía su madre. La universidad con el fin de homenajear a las madres de los estudiantes en su día, organizó una fiesta y a las madres que vivían fuera de la ciudad les envió los viáticos para que pudieran asistir. La joven y varias de sus compañeras fueron a la estación de tren el día acordado a esperar a sus madres que llegarían en el tren de las nueve de la mañana.

Mientras esperaban cada una empezó a describir como era físicamente su mamá.
Una decía: – Mi mamá es hermosa piel canela de ojos oscuros. Otra la describía como una mujer alta rubia de ojos verdes. Otra como una mujer de cabello largo baja de estatua y piel tersa. Y así sucesivamente hasta que le toco el turno a ella que al quedarse callada una de sus amigas insistió en que la describiera. Ella titubeó un poco y con voz entre cortada empezó:

– Mi mamá… mi mamá es una mujer muy hermosa. De piel suave, ojos claros, cabello largo y rubio oscuro, ni alta ni bajita y de contextura delgada.

Estaba en esto cuando fue interrumpida por el sonido del tren que se acercaba. Las muchachas entraron en euforia al ver descender a las madres sonrientes del tren. Una a una fue recibiendo a su mamá y cada una era tal cual la habían descrito. La ultima en descender fue Luz. Cuando la vieron las amigas de su hija, una de ellas exclamó:

– ¡Miren, miren esa vieja tan fea!

La joven al escuchar esto se avergonzó de su madre. Al notar las amigas que solo faltaba la mamá de ella, le preguntaron:

– ¿Esa es tu madre?

Ella con voz nerviosa respondió:

– No… no, tal vez mi madre no pudo venir y envió a mi nana.

Luz alcanzó a escuchar y a ver lo que estaba pasando. Al acercarse a su hija le dijo:

– Hola amor, tu mami no pudo venir, pero me envió a mí.

Fundida en un abrazo y con los ojos llenos de lágrimas continuó:

– Tu mami te manda a decir que te ama mucho y que le haces mucha falta.

De repente se escuchó la voz protestante de un hombre que dijo:

– ¡Alto ahí! No te portes así con tu madre, no te avergüences de ella que hoy tu eres hermosa, porque ella ocupo el lugar que te correspondía a ti ese día del incendio. Ella arriesgó su vida sin importar si la perdía en el intento, con tal de salvar la tuya y hoy tú, como si nada, te avergüenzas de ella. Eso es una canallada.

Las madres y las directivas de la universidad la condecoraron y la homenajearon como la
Mejor mama del campus. Su hija le pidió perdón y prometió nunca más avergonzarse de su madre.

 

Cuán desagradecidos solemos ser con nuestras madres. Ellas lo han dado todo por darnos una vida mejor. No son perfectas, nadie lo es. De la misma forma, nos avergonzamos de nuestro señor Jesucristo que dio su vida en la cruz por nuestra salvación.

Lo que somos hoy y lo que seremos después es la consecuencia de los actos amorosos de otras personas.

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