Las calificaciones


Ese día llegué puntual a la escuela, había reunión de padres la cual era de asistencia obligatoria. la profesora comenzó puntual, agradeció la asistencia y empezó a hablar.En verdad, no preste atención, mi mente estaba en el posible desenlace de una importante reunión a la que no pude asistir por estar allí. De repente escuche a lo lejos la voz de la maestra:

– ¡Alexander López!

– Si, si aquí estoy – Contesté pasando a recibir la libreta de mi hijo. Agradecí a la profesora. Saliendo del salón, me dispuse a leerla.

– ¿Qué es esto? ¿Para esto vine?

La libreta estaba llena de marcador fluorescente. Resaltando aquellas asignaturas perdidas, las cuales se deben recuperar. Me apresuré a esconderla dentro de mi saco con el fin de que nadie viera la porquería de calificaciones de mi hijo.

De regreso a mi casa aumento más mi coraje. Protestaba:

– Dejo de asistir a la reunión de negocios y a cambio recibo esto. ¡Si le doy todo! ¡Nada le falta! Ahora si le va a ir mal.

Entre a la casa, tiré la puerta tras de mí gritando:

– ¡Alex ven acá!

Alex estaba en el patio jugando. Corrió a abrazarme mientras gritaba alegre.

– ¡Papi!

– ¡Que papi ni que nada! Lo retiré de mí.

Me quite el cinturón y no sé cuántos latigazos le dí mientras le decía lo que pensaba de él.

– Te vas al cuarto ya.

Alex se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba. Mi esposa no dijo nada, solo movió la cabeza negativamente y se fue a consolar al niño. Salí de la casa rumbo al trabajo. Por fortuna todo había salido bien, se había concretado un buen negocio.

Ya en la noche al regresar a casa, cuando me iba a acostar, mi esposa me entregó otra vez la libreta de calificaciones de nuestro hijo. En ella estaba anexa una calificación para mí. Mi esposa me dijo:

– Léela despacio y después toma tú decisión…

Esta decía así:

tiempoÉl me había puesto como calificación “Pocas veces- aceptable” en casi todas. Yo me hubiese calificado más severamente, todas las habría perdido. Me levante corriendo hacia la habitación de mi hijo con los ojos llenos de lágrimas, lo abracé
llorando desconsoladamente, quería regresar el tiempo pero era imposible. Mi hijo abrió sus ojos aun hinchados de tanto llorar y me dijo:

– ¡Papi, te amo!- Me sonrió, me abrazó, cerró sus ojos y se durmió.

Ya en la mañana hablé con él. Le expliqué, que aunque no podía devolver el tiempo y quitar ese castigo infame al que lo sometí, le prometía revisar mi rol de padre. También le pedí perdón. Él con una tierna mirada me dijo:

– “Papi te amo y te perdono”

Revisé y me propuse a cambiar verdaderamente.

Cuantas veces juzgamos a nuestros hijos severamente, les exigimos lo que nosotros no les damos. Nuestros hijos serán niños solo una vez, mientras nosotros seremos padres toda la vida.

Como padres somos su modelo a seguir, somos sus héroes. Ellos desean tiempo de calidad, en vez de juguetes. Que les digamos cuánto los amamos incansablemente. Necesitan de nosotros para forjar su carácter.

Somos ignorantes al no ver las señales de nuestros hijos pidiendo atención. En este mundo de nuevas tecnologías, no permitamos que el móvil, el computador, la TV, nos robé esos momentos hermosos para compartir con ellos que nunca volverán.

PADRES JUGANDO

Foto: Freepik.com

FALEX LOPSAL

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