Como agua dulce para el alma


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En varios momentos de mi vida, vino a mí una y otra vez la pregunta del por qué estaba aquí en este mundo y no encontraba respuesta.

Con el paso del tiempo la pregunta aparecía intermitente y empecé a trasladarla a los que me rodeaban. Algunas veces encontraba respuestas que a mi modo de ver, eran incoherentes y me daban la sensación de que algunas de estas personas nunca se habían detenido a pensarlo, otros ni si quiera tenían respuesta y esto me sorprendió aun más. Al notar estas respuestas, dejé la pregunta de lado, ya que me sentía extraño.

Por razones de trabajo viaje a Bogotá Colombia y el destino me cruzó con una vieja amiga con quien había trabajado anteriormente y esta vez volveríamos a hacer un equipo de trabajo, lo cual me dio mucho gusto.

Un día tuve una diferencia con ella y yo me malhumoré mucho. Ella trató de hablar conmigo en varias ocasiones pero yo por orgullo no lo permití. En vísperas de navidad, viajé a casa, con el fin de pasar nochebuena en familia. Justo cuando salía de la fábrica donde trabajaba, se me acercó la señora de servicios generales y me entregó un sobre que decía: “Para abrir solo en navidad”. Para mi sorpresa en ese sobre estaba la respuesta que estuve buscando durante tanto tiempo y que ya había dejado de lado. La carta decía lo siguiente:

Hola Falex, me gustaría decirte que no fue mi intención herir tu orgullo ni tus sentimientos. En lo que más me cuido, es en eso. Prefiero callar cuando sé que mis palabras pueden afectar a una persona y cuando puedo herir susceptibilidades. Siempre busco mejorar como persona pero soy un ser humano común y corriente, con defectos y cualidades.  Siempre he dicho que uno comete errores por falta de conocimiento o por falta de entrenamiento, no hay nada de malo en ello.  En cambio, si lo es, el quedarse nadando en ello y en repetirlo con terquedad. Si dije algo mal dicho, discúlpame, prometo tener más cuidado.

Decidí escribirte porque encontré una barrera tanto en ti como en el lugar y con las circunstancias. A mí me interesa tener buenas relaciones con todos y vivir en armonía.  Esto prima antes que tener la razón, porque si esto me genera discordia o mal ambiente, prefiero ceder a tener algo atravesado en mi, que no me deje vivir plenamente. Pienso que somos seres espirituales que venimos a vivir una experiencia humana, y los humanos tenemos cosas que mejorar sino no estuviéramos aquí. Por eso recurro a ese ser espiritual hecho de amor y comprensión y no al humano que hay en mí. Con esto solo quiero, por tercera vez, acercarme a ti, para agradecerte por lo que he aprendido tanto de ti como de mi y por las experiencias compartidas, porque sin esto no me hubiera dado cuenta de lo que debo mejorar como persona y como compañera de trabajo. Por mi parte tienes todo el apoyo y las puertas abiertas cuando de ayuda se trate, siempre estaré dispuesta a servirte así sea solo para escucharte.

Hace algún tiempo descubrí que vine a la vida terrenal con tres propósitos: Ser feliz, no interferir en los destinos y la búsqueda de la felicidad de otros, y a servir incondicionalmente.  Esto me ha dado muy buen resultado. Prefiero quedarme con lo que me fluye y no con lo que me limita, y la discordia me limita. ¿En cuánto tiempo alcanzaré estos propósitos? No lo sé, solo sé que conscientemente buscaré alcanzarlos y nunca descansaré en trabajar en ello. Solo me queda desearte un feliz viaje, una feliz navidad para ti y toda tu familia, llena de amor, alegría y prosperidad.

Mónica.

Cuando terminé de leerla, supe que soy un ser espiritual, que vine a la vida terrenal a tener una experiencia humana, con tres objetivos: a ser feliz, a crecer y a servir.

Ese es el porqué de este blog, AGUA FRESCA MANANTIAL DE VIDA, inspirado en estos tres objetivos y dedicado a aquellas personas, que de una forma altruista y desinteresada, dedican gran parte de su vida en crear bellos mensajes, y que ven en internet una forma de transmitirlos, con el único fin de llegar a aquellos que están necesitados de felicidad, de crecimiento y consuelo.

Pienso, que nosotros debemos ser como aquel agua que hacia parte del gran océano, pero que, un día decidió experimentar por sí solo, y se internó en las profundidades de la tierra alejándose cada vez mas del océano, y entre mas se alejaba, se hacía más diferente a aquel agua de la cual salió y cuando se dio cuenta de ello, quiso volver, pero era imposible hacerlo por el mismo camino y entró en pánico de tal forma que empezó a subir y subir hasta que brotó a la superficie y al mirar a su alrededor supo que se encontraba en la cima de una gran montaña y desde allí comenzó su camino de regreso al océano, no sin antes refrescar a todos los que se topaban con él en su trayecto y brindarles aquel agua dulce en la cual se había convertido, gracias al coraje explorador, que lo había llevado a internarse en lo más profundo de la tierra.

Falex Lopsal

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